El ingeniero y físico escocés Robert Watson-Watt, a quien se atribuye la invención del radar y cuyo trabajo fue determinante ante los ataques de la Luftwaffe al Reino Unido durante la segunda Guerra Mundial, siempre hizo un elogio de la imperfección y de las soluciones provisionales, en una aplicación lucidísima de la falacia del Nirvana: «Dales la tercera mejor opción para seguir adelante; la segunda mejor opción llega demasiado tarde. La mejor nunca llega».
La falacia del Nirvana — Pedro Vallín