Commonplace books

Commonplace book
A commonplace book from the mid-17th century

Commonplace books (or commonplaces) are a way to compile knowledge, usually by writing information into books. They have been kept from antiquity, and were kept particularly during the Renaissance and in the nineteenth century. Such books are essentially scrapbooks filled with items of every kind: recipes, quotes, letters, poems, tables of weights and measures, proverbs, prayers, legal formulas. Commonplaces are used by readers, writers, students, and scholars as an aid for remembering useful concepts or facts. Each one is unique to its creator’s particular interests but they almost always include passages found in other texts, sometimes accompanied by the compiler’s responses. They became significant in Early Modern Europe.

Wikipedia: Commonplace_book

José Mújica: Felicidad y progreso

Confundimos felicidad y progreso con comprar cosas nuevas sin plantearnos si somos más o menos felices y gastamos gran parte de la peripecia de nuestra vida para conseguir esos medios económicos que nos permiten hacer frente a esa demanda. Siempre vamos como el burro que persigue la zanahoria.

José Mújica

Hermann Hesse: el carácter en momentos difíciles

Sólo en las circunstancias más aciagas de la vida sale a relucir sin disimulo el carácter de una persona. Sólo en tiempos de sufrimiento y privaciones se demuestra qué nos pertenece realmente, qué nos sigue siendo fiel y no puede sernos arrebatado.

⁠— Hermann Hesse

Publicado en la época de confinamiento en casa para evitar el contagio masivo del Coronavirus. Demostremos lo mejor de nosotros.

Eduardo Galeano: La dignidad del arte

Eduardo Galeano
Eduardo Galeano
Presentation at Librarsi bookstore, in Vicenza (Italy), on Sept. 11th, 2008.
Fotografía de Mariela De Marchi Moyano

Yo escribo para quienes no pueden leerme. Los de abajo, los que esperan desde hace siglos en la cola de la historia, no saben leer o no tienen con qué.
Cuando me viene el desánimo, me hace bien recordar una lección de dignidad del arte que recibí hace años, en un tearo de Asís, en Italia. Habíamos ido con Helena a ver un espectáculo de pantomima, y no había nadie. Ella y yo érmaos los únicos espectadores. Cuando se apagó la luz, se nos sumaron el acomodador y la boletera. Y, sin embago, los astores, más numerosos que el público, trabajaron aquella noche como si estuvieran viviendo la gloria de un estreno, con todo, con alma y vida; y fue una maravilla.
Nuestros aplausos retumbaron en la soledad de la sala. Nosotros aplaudimos hasta despellejarnos las manos.

El fin del virus de la viruela: expedición Balmis

La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, también conocida como Expedición Balmis en referencia al médico español Francisco Javier Balmis, fue una expedición de carácter filantrópico que dio la vuelta al mundo y duró desde 1803 hasta 1806. Su objetivo era en principio que la vacuna de la viruela alcanzase todos los rincones del Imperio español, ya que la alta mortandad del virus estaba ocasionando la muerte de miles de niños.

El rey Carlos IV apoyó y sufragó con fondos públicos al médico de la corte, el doctor Balmis, en su idea de una vacunación masiva de niños a lo largo del imperio, ya que su propia hija, la infanta María Teresa, había fallecido a causa de la enfermedad.

Se considera la primera expedición sanitaria internacional de la historia.​ Se puede entender globalmente como «una caravana infantil con rumbo al Nuevo Mundo para transportar la vacuna y prevenir las epidemias de viruelas. Dando como resultado uno de los viajes más extraños que tiene como protagonista a la medicina y a la ciencia en el siglo XIX» [1]

Real Expedición Filantrópica de la Vacuna

[1] Con estas palabras comienza el libro de Díaz de Yraola, Gonzalo: La vuelta al mundo de la expedición de la vacuna. Sevilla. Escuela de Estudios Hispanoamericanos, CSIC, 1948, p. 1.

Sobre Charlie Rivel

Una de las anécdotas más entrañables es la de cuando entró en la pista del circo y aún no había empezado su actuación cuando un niño empezó a llorar desesperadamente (probablemente era la primera vez que veía a un payaso). Charlie no podía empezar su actuación pues el público estaba más pendiente del escandoloso llanto del niño que del payaso. Charlie se acercó cautamente hacia el niño para hacerle una caricia e intentar calmarlo, pero el efecto fue el contrario y el niño empezó a llorar aún con más fuerza entre las risas medio divertidas medio enternecidas del público adulto. Rivel, profundamente conocedor de la psicología infantil, se retiró hacia el centro de la pista y empezó también a llorar, desconsoladamente, solidariamente. Con eso bastó. El niño se calló en el acto, con unos ojos abiertos como naranjas por la sorpresa de haber descubierto que aquel ser rojo y amenazador se sabía expresar también con su mismo lenguaje tan transparente y directo: el llanto. Y Rivel continuó llorando. Cuando, todavía lloroso, se volvió a acercar hacia el niño, ya totalmente calmado y mirándolo electrizado, la criatura se sacó el chupete de la boca y se lo dio a Charlie, en un acto de solidaridad primigenia. El llanto de Rivel se agotó y el público arrancó en aplausos. El payaso aceptó el ofrecimiento del niño y, hoy, aquel chupete histórico se conserva entre las vitrinas del Museo Charlie Rivel de Cubellas.

Según una leyenda, ganó un concurso de imitadores de Charlot, a pesar de que el propio Charles Chaplin participaba en él (de incógnito). Al finalizar el concurso, Chaplin se acercó a Rivel, y le dijo: “¿Es usted quien me imita a mí, o soy yo quien le imita a usted?”.

Charlie Rivel — Wikipedia

Cómo evitar infecciones lavándose bien las manos

Lavándose las manos
Lavarse las manos evita infecciones. Foto: JAR: Wash Your Hands

Lavarse las manos es una de las mejores formas de evitar el contagio de determinadas enfermedades infecciosas y así protegerse a uno mismo y los convivientes […]
[ debería ser de obligado cumplimiento ] por ejemplo antes, durante y después de preparar alimentos; antes de comer; después de ir al baño; después de sonarse la nariz, toser o estornudar; también después de tocar basura, un animal o sus excrementos.
[ el lavado ideal ] Primero nos mojaríamos las manos con agua corriente limpia, cerraríamos el grifo y nos las enjabonaríamos. Posteriormente, nos frotaríamos con jabón hasta hacer una espuma con la que limpiaríamos el dorso, entre los dedos y debajo de las uñas. Esa maniobra hay que mantenerla durante, al menos, 20 segundos. Después, nos enjuagaríamos bien con agua corriente limpia. Y, al final, nos secaríamos con una toalla limpia o al aire.
[…] Usar un jabón para lavarse las manos es más eficaz que hacerlo solo con agua, ya que sus ingredientes levantan la suciedad y los microorganismos de la piel. Además, el mero hecho de que nos esmeremos más al utilizarlo, hace que se eliminen más microorganismos.

Lo que deberían saber los que todavía no se lavan las manos después de ir al baño — Iván Pelegrín Senent, especialista en Enfermedades Infecciosas del Servicio de Medicina Interna del Hospital Sanitas CIMA