Beatriz Montañez: Los trece mandamientos de Niadela

  1. No olvidaré nunca que moriré, aunque olvide que estoy viva.
  2. No comeré si no estoy hambienta.
  3. No leeré los periódicos con los que estoy de acuerdo.
  4. No hablaré hasta haberme mordido la lengua tres veces.
  5. No intentaré comprenderlo todo.
  6. No esperaré que otros hagan por mí lo que solo yo puedo hacer.
  7. No insistiré en mis razones. Insistiré en las del otro.
  8. No dudaré de mí hasta que no haya dudado de todo.
  9. No soy mis circustancias, soy lo que elijo hacer con ellas.
  10. No evitaré el amor, permitiré que me hiera.
  11. No utilizaré la palabra como bala, sino el silencio como arma.
  12. No tendré nunca miedo si recuerdo aliarme con el conocimiento.
  13. No olvidaré nunca que debo ser como el agua.

Niadela — Beatriz Montañez

Karl Popper: Paradoja de la intolerancia

Menos conocida es la paradoja de tolerancia: La tolerancia ilimitada debe conducir a la desaparición de la tolerancia. Si extendemos la tolerancia ilimitada aun a aquellos que son intolerantes; si no nos hallamos preparados para defender una sociedad tolerante contra las tropelías de los intolerantes, el resultado será la destrucción de los tolerantes y, junto como ellos, de la tolerancia. Con este planteamiento no queremos significar, por ejemplo, que siempre debamos impedir la expresión de concepciones filosóficas intolerantes; mientras podamos contrarrestarlas mediante argumentos racionales y mantenerlas en jaque ante la opinión pública, su prohibición sería, por cierto, poco prudente. Pero debemos reclamar el derecho de prohibirlas, si es necesario por la fuerza, pues bien puede suceder que no estén destinadas a imponérsenos en el plano de los argumentos racionales, sino que, por el contrario, comiencen por acusar a todo razonamiento; así, pueden prohibir a sus adeptos, por ejemplo, que prestan oídos a los razonamientos racionales, acusándolos de engañosos, y que les enseñan a responder a los argumentos mediante el uso de los puños o las armas. Deberemos reclamar entonces, en nombre de la tolerancia, el derecho a no tolerar a los intolerantes. Deberemos exigir que todo movimiento que predique la intolerancia quede al margen de la ley y que se considere criminal cualquier incitación a la intolerancia y a la persecución, de la misma manera que en el caso de la incitación al homicidio, al secuestro o al tráfico de esclavos.
Tenemos por tanto que reclamar, en el nombre de tolerancia, el derecho a no tolerar la intolerancia.

La sociedad abierta y sus enemigos — Karl Popper