Poesía ante las desgracias

En Un poema cada mañana para dar vidilla al Gran Encierro comentan como Marc Lacey, editor de la sección de Nacional del New York Times propuso comenzar las reuniones de redacción leyendo una poesía. Era una forma de comenzar con otro ánimo una reunión en la que no sobrarían desgracias y malas noticias.

Menciona La magia de la poesía es que golpea tu mente con pensamientos sobre un tema de una forma inesperada. Esto es exactamente lo que queremos hacer en la sección de Nacional: buscar cada día formas interesantes e inteligentes de afrontar las historias más importantes del país.

Me recuerda un extremo opuesto: ponerse en la peor de las situaciones para redactar la noticia de una grandísima tragedia. Lo puedes leer en «Historias de Nueva York», el muy recomendable libro de Enric González. En su caso, redactó primero la ficticia noticia del fin del mundo, para luego escribir sobre lo que ocurrió el 11 de Septiembre en las torres gemelas.

Hace algún tiempo desarrollé una pequeña aplicación que mostraba unas pequeñas poesías: Haikuema. Tal vez la lectura de alguno de esos poemas puedan ayudar a encontrar un pequeño hueco en la memoria para que nuestra mente salga del confinamiento.

Si prefieres, también hay un libro: Haikuemas de las cuatro estaciones.

Commonplace books

Commonplace book
A commonplace book from the mid-17th century

Commonplace books (or commonplaces) are a way to compile knowledge, usually by writing information into books. They have been kept from antiquity, and were kept particularly during the Renaissance and in the nineteenth century. Such books are essentially scrapbooks filled with items of every kind: recipes, quotes, letters, poems, tables of weights and measures, proverbs, prayers, legal formulas. Commonplaces are used by readers, writers, students, and scholars as an aid for remembering useful concepts or facts. Each one is unique to its creator’s particular interests but they almost always include passages found in other texts, sometimes accompanied by the compiler’s responses. They became significant in Early Modern Europe.

Wikipedia: Commonplace_book

José Mújica: Felicidad y progreso

Confundimos felicidad y progreso con comprar cosas nuevas sin plantearnos si somos más o menos felices y gastamos gran parte de la peripecia de nuestra vida para conseguir esos medios económicos que nos permiten hacer frente a esa demanda. Siempre vamos como el burro que persigue la zanahoria.

José Mújica

Hermann Hesse: el carácter en momentos difíciles

Sólo en las circunstancias más aciagas de la vida sale a relucir sin disimulo el carácter de una persona. Sólo en tiempos de sufrimiento y privaciones se demuestra qué nos pertenece realmente, qué nos sigue siendo fiel y no puede sernos arrebatado.

⁠— Hermann Hesse

Publicado en la época de confinamiento en casa para evitar el contagio masivo del Coronavirus. Demostremos lo mejor de nosotros.

Eduardo Galeano: La dignidad del arte

Eduardo Galeano
Eduardo Galeano
Presentation at Librarsi bookstore, in Vicenza (Italy), on Sept. 11th, 2008.
Fotografía de Mariela De Marchi Moyano

Yo escribo para quienes no pueden leerme. Los de abajo, los que esperan desde hace siglos en la cola de la historia, no saben leer o no tienen con qué.
Cuando me viene el desánimo, me hace bien recordar una lección de dignidad del arte que recibí hace años, en un tearo de Asís, en Italia. Habíamos ido con Helena a ver un espectáculo de pantomima, y no había nadie. Ella y yo érmaos los únicos espectadores. Cuando se apagó la luz, se nos sumaron el acomodador y la boletera. Y, sin embago, los astores, más numerosos que el público, trabajaron aquella noche como si estuvieran viviendo la gloria de un estreno, con todo, con alma y vida; y fue una maravilla.
Nuestros aplausos retumbaron en la soledad de la sala. Nosotros aplaudimos hasta despellejarnos las manos.

El fin del virus de la viruela: expedición Balmis

La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, también conocida como Expedición Balmis en referencia al médico español Francisco Javier Balmis, fue una expedición de carácter filantrópico que dio la vuelta al mundo y duró desde 1803 hasta 1806. Su objetivo era en principio que la vacuna de la viruela alcanzase todos los rincones del Imperio español, ya que la alta mortandad del virus estaba ocasionando la muerte de miles de niños.

El rey Carlos IV apoyó y sufragó con fondos públicos al médico de la corte, el doctor Balmis, en su idea de una vacunación masiva de niños a lo largo del imperio, ya que su propia hija, la infanta María Teresa, había fallecido a causa de la enfermedad.

Se considera la primera expedición sanitaria internacional de la historia.​ Se puede entender globalmente como «una caravana infantil con rumbo al Nuevo Mundo para transportar la vacuna y prevenir las epidemias de viruelas. Dando como resultado uno de los viajes más extraños que tiene como protagonista a la medicina y a la ciencia en el siglo XIX» [1]

Real Expedición Filantrópica de la Vacuna

[1] Con estas palabras comienza el libro de Díaz de Yraola, Gonzalo: La vuelta al mundo de la expedición de la vacuna. Sevilla. Escuela de Estudios Hispanoamericanos, CSIC, 1948, p. 1.

Sobre Charlie Rivel

Una de las anécdotas más entrañables es la de cuando entró en la pista del circo y aún no había empezado su actuación cuando un niño empezó a llorar desesperadamente (probablemente era la primera vez que veía a un payaso). Charlie no podía empezar su actuación pues el público estaba más pendiente del escandoloso llanto del niño que del payaso. Charlie se acercó cautamente hacia el niño para hacerle una caricia e intentar calmarlo, pero el efecto fue el contrario y el niño empezó a llorar aún con más fuerza entre las risas medio divertidas medio enternecidas del público adulto. Rivel, profundamente conocedor de la psicología infantil, se retiró hacia el centro de la pista y empezó también a llorar, desconsoladamente, solidariamente. Con eso bastó. El niño se calló en el acto, con unos ojos abiertos como naranjas por la sorpresa de haber descubierto que aquel ser rojo y amenazador se sabía expresar también con su mismo lenguaje tan transparente y directo: el llanto. Y Rivel continuó llorando. Cuando, todavía lloroso, se volvió a acercar hacia el niño, ya totalmente calmado y mirándolo electrizado, la criatura se sacó el chupete de la boca y se lo dio a Charlie, en un acto de solidaridad primigenia. El llanto de Rivel se agotó y el público arrancó en aplausos. El payaso aceptó el ofrecimiento del niño y, hoy, aquel chupete histórico se conserva entre las vitrinas del Museo Charlie Rivel de Cubellas.

Según una leyenda, ganó un concurso de imitadores de Charlot, a pesar de que el propio Charles Chaplin participaba en él (de incógnito). Al finalizar el concurso, Chaplin se acercó a Rivel, y le dijo: “¿Es usted quien me imita a mí, o soy yo quien le imita a usted?”.

Charlie Rivel — Wikipedia