Esta reacción me ha escandalizado por la defensa que los propios explotados hacen de su explotación. Me ha llevado a preguntarme si no estamos educando a nuestro alumnado universitario para que no solo asuma, sino que incluso defienda su propia «esclavitud». En este modelo neoliberal de mercado ultracompetitivo en el que nos obligan a vivir, donde cualquier posibilidad, aunque sea a costa de la propia explotación, puede ser considerada una ventaja en el currículum de competencias y prácticas que se tiene que acumular, para destacar frente al resto, en la carrera por un futuro trabajo, se llega al extremo de defender con uñas y dientes la supuesta «libertad de elegir» ser incluso «mano de obra gratuita» para conseguir una certificación de tener unas «prácticas».

De hecho, estos estudiantes con quienes hablé me recriminaban que quienes nos manifestábamos en contra, «estábamos conculcando su derecho a ‘elegir libre y voluntariamente’ ser explotados». Recurrían a la máxima esencial, al núcleo básico y fundamental de laideología neoliberal: el libre consentimiento (Díez Gutiérrez, 2018).

Como plantea el filósofo coreano Byung-Chul Han (2014), la eficiencia de este sistema reposa fundamentalmente en el proceso de interiorización colectiva que asume ampliamente la lógica del mismo, que se adhiere «libremente» a lo que se le induce a creer. Lo que el capitalismo se dio cuenta en la era neoliberal, argumenta Han, es que no necesitaba ser duro, sino seductor. La explotación ya no se tiene que imponer, nos la autoimponemos y la defendemos. Al menos, afirma, en la distopía 1984 de Orwell nadie se sentía libre, pero en 2020 todos nos sentimos libres: ese es el problema.

Las sociedades tardomodernas ya no pueden describirse en términos de sociedades disciplinarias en las que se impone la obediencia. En las actuales sociedades del rendimiento, regidas por la ideología neoliberal, analiza Han (2012), se están abandonando esas formas de dominio externo en beneficio de otras más sutiles, pero no menos férreas, que trasladan la coacción al interior de las personas. Buena parte de las técnicas de poder y control del régimen neoliberal ya no vienen de fuera, ahora se interiorizan, se instalan en la propia «libertad» individual.

Hace tiempo que Gramsci (1981) comprendió que el poder dominante no se ejerce solo por medio de la fuerza física, sino también por medio de la psicología social, buscando que la gente dé su consentimiento a la dominación. Estamos ante la revolución de una «nueva moral neoliberal» que está produciendo mutaciones subjetivas de masas.

Ya no se trata de ejercer el poder mediante la coacción sobre los cuerpos, los pensamientos y los comportamientos, sino que debe acompañarse del deseo individual. Se trata de que cada persona se involucre y participe activamente en la «explotación de sí mismo». La explotación por otros, queda interiorizada: «la explotación de sí mismo hasta la extenuación es más eficiente que la ajena porque va unida a la idea de libertad», dice Han.

La «libertad de elegir» ser explotado: la «ubersidad» que nos viene
— Enrique Díez

  • DÍEZ GUTIÉRREZ, E.J. (2018). Neoliberalismo Educativo. Educando al nuevo sujeto neoliberal. Barcelona: Octaedro.
  • GRAMSCI, A. (1981). Cuadernos de la cárcel (vol. 2). México: Era.
  • HAN, B. (2012). La sociedad del cansancio. Barcelona: Herder.
  • HAN, B. (2014). Psicopolítica. Barcelona: Herder.