[Leticia Martínez] Y me estás recordando, toda esta parte que comentas, la importancia que parece a día de hoy que tiene la felicidad en nuestra sociedad. Es importantísimo ser feliz, pero en muchas ocasiones parece que ese «parecer feliz» prioriza, o es más prioritario que realmente serlo. ¿Qué piensas tú sobre la felicidad en el mundo actual?

[José Carlos Ruiz] Bueno, creo que estamos cambiando el paradigma de felicidad de un modo casi radical. Es decir, estamos dando la vuelta de un paradigma de felicidad que era más inocente, o más secundario en la vida de las personas, a un objetivo principal a conseguir. Yo creo que la felicidad anteriormente, es decir, la de mi generación, la de mis padres, tenía mucho que ver con una búsqueda. Y la búsqueda significaba encontrar o no encontrar, que existiese el objeto o que no existiese el objeto, pero no era prioritario en ninguna de las vidas, es decir, para nuestros padres, incluso para mí, lo prioritario era construirte la vida. Había de vez en cuando un encuentro con la felicidad, pero no era el objetivo. El objetivo era la construcción vital. Sin embargo, la felicidad contemporánea me parece que está más orientada hacia la conquista. Es decir, está, como diríamos hoy en día, en un mapa está «geolocalizada». Entonces, la gente de repente tiene en su cabeza una especie de «check list» donde necesita, pues, consumir la última novedad que ha salido al mercado, visitar el último país que se ha puesto de moda, necesita pues, no sé, ir al último restaurante a comer la última comida «foodie», practicar el último tipo de deporte, etc.

«Por primera vez en la historia, conviven dos circunstancias vitales: las reales y las virtuales. ¿Hasta qué punto unas están condicionando unas a las otras?»
Entonces en esa dinámica en la que estamos entrando, la felicidad está objetivada, y como esta objetivada, lo único que tienes que hacer es ir a conquistarla porque sabes dónde está. Y cuando la conquistas aparece una segunda, y una tercera, y una cuarta, entonces está encapsulando distintos modelos de consumo emocional. Antes teníamos un consumo material: la gente compraba cosas y le parecía que la satisfacción podría aparecer a través del consumo material, pero como el cambio climático ha puesto el materialismo en un plano moralmente preocupante, el sistema ha sido muy inteligente y ha disfrazado el consumo material del consumo emocional, porque así nos sentimos menos culpables. Entonces, han empezado a vendernos la importancia de consumir emociones, experiencias lo llaman. Entonces te dicen que lo importante en esta vida es llevarte una mochila de experiencias encima y que eso te va a dar esa felicidad. Entonces, estamos obsesionados con ir acumulando experiencias, una tras otra. Las consecuencias, para mí, son catastróficas. ¿En qué sentido? En el que entras en una dinámica en la que el consumo de experiencias se convierte en el eje que va a orientar tu vida. Y, al final, cuando no estás en ese proceso de consumo, estás solo, estás tranquilo en tu propia vida, se te genera una angustia. Se te generan esos nervios de decir: «Bueno, yo no sé hacia dónde voy, ahora tengo que hacer algo». No sabemos aburrirnos.

¿Somos incapaces de estar a solas con nosotros mismos? — José Carlos Ruiz