Y para concluir: leyendo el hermosísimo capítulo 119 de El Péndulo comprendí que en toda vida existe al menos un momento único e irrepetible, una Ocasión, un instante de iluminación personal que le da significado. O, como decía Wilde, «podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante». Un minuto de perfección amorosa, intelectual o mística, un momento de eternidad prometido por el vaivén del péndulo, un satori que deberíamos saber aprovechar.

Todo lo que necesito saber lo aprendí leyendo El péndulo de Foucault — Josep Lapidario