Una de las virtudes de internet es que permite, a casi cualquiera, tener presencia en la red. Otra de sus ventajas -hablo ahora de las empresas-, es que teniendo una buena estrategia, y contando con buenos profesionales que conocen el medio y sus tripas, esa presencia puede además tener visibilidad. Y ya sabemos, que de nada sirve tener un sitio en internet si, de alguna manera, no apareces en los buscadores o nadie te menciona.

Voy a contar una historia. Un caso real y anónimo que comenzó hace muy pocos años: un profesional decide perder la estabilidad de trabajar para una empresa y decide trabajar como autónomo. Con algo de dinero ahorrado y gracias a un crédito, consigue el dinero suficiente para comprar y/o alquilar lo necesario para empezar a trabajar. Comienza su aventura profesional. Como no, también monta como buenamente pueda él mismo, un sitio web.

Apenas consigue visitas porque todo hay que decirlo, la web es técnicamente deficiente y no se ha planteado una estrategia en internet mínimamente elaborada. Ponte en su lugar: tus ingresos dependen de conseguir clientes, y la web parece el medio más prometedor. La pregunta ¿cómo conseguir clientes? se convierte automáticamente en ¿cómo conseguir visitas? Todos somos conscientes de que si no apareces en la primera página de resultados de un buscador, es difícil conseguir visitas.

Una solución clásica para conseguir visitas: anunciarte en internet. Dos alternativas que a priori parecen interesantes:

  • anuncios en un directorio profesional (en este caso, páginas amarillas), con presencia en el tomo de papel y en internet.
  • anuncios en un buscador (como no, adsense de Google).

Afortunadamente la inversión tiene una respuesta positiva: las visitas llegan, se consiguen clientes, hay trabajo y dinero suficiente para tener un sueldo decente, y pagar unas cuentas facturas relacionadas con la actividad profesional. Y es que todos los meses hay que pagar las letras del préstamo y también las facturas por anunciarte: y es mucho dinero. Y por supuesto, los impuestos.

Con el tiempo, y hablando con los clientes se descubre algo que se intuía: en este caso concreto, el dinero invertido en páginas amarillas no ha tenido el retorno esperado. Pero ese pequeño anuncio que aparecía en Google ha sido vital. La decisión es clara: olvidarse de páginas amarillas y apostar por seguir apareciendo en la primera página de Google. Y como la única forma que conoce es pagando anuncios en Adsense, pues a seguir pagando. Y ojo, que es mucho dinero. Y hay muchas empresas que pagan. Normal que Google tenga esos beneficios, pueda contar con esos recursos y profesionales y ofrecer servicios gratuitos a millones de usuarios. Tienen montado un buen negocio.

Pero volvamos a nuestro autónomo. La pregunta que se hace es obvia: ¿hay alguna manera de aparecer en la primera página de Google y que no sea en pagando anuncios?

Ahora es cuando entran en escena las redes sociales clásicas: un amigo que conoce a un amigo. Y es que alguien conoce a alguien que ha hecho, no una, sino varias páginas que aparecen en primer lugar cuando se busca en Google. He dicho que el caso es real y anónimo, pero os podréis imaginar que yo aparezco en escena aquí.

Nos ponemos en contacto. Y para resumirlo mucho, conozco sus necesidades, que se traducen en un objetivo de negocio claro. Para lograr ese objetivo, se plantea una estrategia para la web, y concretamente, se toman unas decisiones técnicas y de diseño para desarrollar el sitio web.

Lo resalto porque es importante:

  • Primero, se definen unos objetivos on-line (en este caso hablamos de visitas, pero puede haber otros).
  • En función de esos objetivos, se define una estrategia de presencia on-line. Y es que con la cantidad de sitios en los una empresa, marca o profesional puede aparecer (fotos, videos, foros, redes sociales, redes profesionales, web propia…) hay que tener muy claro dónde entras, cómo entras y cuándo entras. No todos los casos son iguales, pero en el caso que cuento, el de un autónomo que bien podría ser el de una pequeña empresa, su objetivo es tener trabajo hoy, mañana y dentro de diez años. Comparando con las disciplinas del atletismo, se trata de una maratón, no de una carrera de velocidad. No basta con alcanzar una posición o prestigio momentáneo y breve. Y los errores en internet se pueden pagar muy caros. Las malas artes pueden provocar un efímero éxito pero lo que es seguro que probablemente provoquen un estrepitoso fracaso del que puede ser muy difícil y complicado salir. O directamente te manda a la ruina. Hay que hacer las cosas bien.
  • Y con respecto a la web, esos objetivos de negocio se traducen en decisiones de diseño. Si quieres que la gente se de de alta, da prioridad a ese proceso y diseña una buena interacción. Si quieres fomentar las ventas, crea una buena arquitectura de la información para encontrar los productos, ofrece las características de los mismos, deja muy claro el precio y haz que el proceso de compra sea rápido, cómodo, fiable. Si quieres lograr visitas, redacta unos buenos contenidos, estructura correctamente la información. Y sobre todo, y siempre, usa correctamente el código.

Pasa el tiempo, y la estrategia logra sus frutos. Por un lado, se consigue una buena posición en los buscadores, y no sólo en Google. Ya no hace falta pagar por aparecer en la primera página del buscador: incluso se plantea la posibilidad de dejar de invertir en publicidad, seguir teniendo un buen número de visitas-clientes y ahorrarse unos euros. Centenas de euros todos los meses se convierten con el paso del tiempo en miles. En muchos miles.

Conclusiones:

  • Es una temeridad y mentiría como un bellaco, si dijese que el mérito de este caso es la estrategia en internet y el trabajo que conlleva. En el artículo que estás leyendo, me estoy echando algunas flores, lo reconozco. Pero en esta historia, lo realmente importante es la profesionalidad del autónomo: un tipo muy trabajador y que hace muy bien su trabajo. La honestidad y profesionalidad es lo más importante. Ofrecer buenos productos y servicios es vital.
  • En internet se pueden controlar parcialmente la información: en tu sitio web, pones lo que te da la gana. Pero cualquier persona puede generar contenido sobre tí. Si eres un buen profesional y das un buen servicio, lo normal es que la gente hable bien de tí. Si no es así, puede tratarse de un competidor que se transforma en un troll, o realmente un cliente tiene motivos para quejarse: en el último caso, una comunicación directa con el autor de la queja puede obrar milagros y transformar un cliente insatisfecho, en uno agradecido por un buen servicio post-venta. De cualquier manera, una crítica sincera y constructiva, nunca viene mal.
  • Probablemente el desarrollo web no sea el punto fuerte de un vendedor de bicicletas, un fontanero o un pintor, por poner algunos ejemplos. Pero seguro que les importa su negocio y mucho. Y también lo conocen. Encontrar a profesionales del desarrollo web de verdad que sepan trasladar ese conocimiento, entiendan las necesidades cruzadas de clientes y usuarios y sepan trasladarlo a la web,… no tiene precio. Tampoco el que un cliente deje trabajar a los diseñadores y desarrolladores web (y ojo, que es vital). Está claro que casi cualquiera puede hacer una web usando aplicaciones tan curiosas como el Word. Pero el resultado, obviamente, nunca será el mismo.

En mis casi nueve años de profesional del desarrollo web -que precisamente hoy terminan hasta quién sabe cuándo-, una de las mayores satisfacciones profesionales, sino la mayor, ha sido el minúsculo proyecto al que hago referencia. Casualmente, ha sido una actividad ajena a mi labor profesional. Y oigan, eso da mucho que pensar…

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